Meses antes, Lucía, su madre, estaba ilusionada ante la llegada de su nuevo hijo. Preparaba su habitación y decoraba las paredes con lunas y estrellas en medio de un arco iris de múltiples colores.
Contaba horas y contaba días, contaba... como cualquier madre los latidos de su vientre, y él se hacía niño bajo su piel.
Lucía contaba horas y contaba días... mientras sus manos se convertían en ternura y a modo de besos, su hijo se hacía persona ya antes de nacer.
Un 5 de agosto, al ocultarse el Sol, la criatura deseó conocer a quien durante meses le había dado la vida... Pero, al llegar a este mundo de universos diferentes, un silencio inundó la sala, el pequeño no lloraba y su respiración apenas se podía oír.
Lucía miró a su hijo, con angustia y entre rabia y dolor esperaba, junto al médico, una señal que les indicara que el pequeño les contestaba...
Por respuesta, sólo obtuvo un manantial de caricias a través de su mirada.
El silencio era inmenso en la sala, nadie hablaba. No, no era un niño como todos los que Pau, el médico, había ayudado a nacer. El pequeño Naim vivía, pero vivía a un ritmo diferente.
Los testigos del evento pronto se darían cuenta que tenían ante si a uno de esos Angeles, que llegan por un tiempo a la Tierra para dar luz e iluminar nuestros días.
Lucía llamó a su hijo Naim, que significa poseedor de belleza, y fue creciendo a golpes de buscadores de sonrisas. Allí, donde los hospitales se hacen casas para los niños y las madres aprenden, entre sueros, a cantar nanas.
¡Benditas madres que aprenden a ser enfermeras entre cambios de pañales y canciones de cuna!
El pequeño Naim cuando sonreía, un azul intenso iluminaba la habitación. Su sonrisa... única, clara, luminosa.
El pequeño Naím, incluso al enfadarse, su rostro era amable, era especial, muy especial y cuando lo hacía... Era capaz de pronunciar un manantial de frases en silencio con los ojos brillantes. Sus ojos eran capaces de expresar sentimientos, deseos, y sobretodo agradecimiento por horas y horas de cuidados, de mimos entre sábanas cada día cambiadas, entre goteros... Y entre los cuidados de su madre, que aprendió a cantar nanas curando las heridas producidas por cada abrazo en silencio.
Con el paso de los meses, él acrecentaba su sonrisa, clara, hermosa que unía a su mirada para hablarle a su madre. Su alegría la demostraba sonriendo, con esa ternura solo comparable a las flores al saludar a la tarde.
Pero Naím... seguía creciendo en habitaciones con ventanas que no se abren y su cuerpo era cuidado entre batas blancas que ocultan grandezas de corazones y el conocimiento del sabio; mientras, su corazón crecía feliz a golpes de besos. Lucia le cantaba... y él rodeándola con sus brazos le decía con su mirada: Me gusta, mami.
Mientras su cuerpo se balanceaba al son de la cálida voz que le acunaba. Para ella cada amanecer era un brote de esperanza a la espera de oírle un día pronunciar: Mamá.
Recuerdo su paso por hospitales y su caminar silencioso, sus juegos entre sueros de vida, sus balanceos entre música y besos de sus hermanos.
Mientras Lucía soñaba con paseos de la mano y sumas en su pupitre, Naim crecía hacia el cielo, para una noche ser una de esas miles de estrellas que nos alumbran cuando el Sol nace.
Anoche observé a Lucía, estaba durmiendo, sus brazos abrazaban el aire y su cara se iluminó de alegría...
Sus brazos rodeaban a su hijo y un ángel sonriendo le decía:
"Mamá, te quiero".
Cada noche me visto con una capa de luz blanca, que unida a mi figura de dama acompañante, pretendo iluminar a cuantas inquietudes se asoman por ventanas de edificios, pidiendo a la oscuridad un nuevo amanecer lleno de esperanza.
Anoche observé a Lucía, estaba durmiendo, sus brazos abrazaban el aire y su cara se iluminaba de alegría...
Hace mucho tiempo, me adentré en la habitación de un hospital un día 5 de agosto. Al ocultarse el Sol, un pequeño niño terminaba de nacer.
Me llamó la atención que al mirarme no respondió a mi sonrisa. Yo insistí e insistí, pero en vez de sonreírme, levantó sus brazos para rodearme con ellos. No conocía su nombre, pero desde ese instante fue bautizado como el Niño de las Caricias.
Cuento en linea:
No hay comentarios:
Publicar un comentario